No todas las herencias necesitan el mismo acompañamiento. Antes de empezar, conviene saber qué tipo de trabajo vas a necesitar y cómo se organiza cada encargo.
Cuando una familia acude al despacho con una herencia pendiente, lo primero que preguntamos no es cuánto vale el patrimonio, sino qué tipo de intervención se necesita. Hay casos que se resuelven con una consulta puntual y otros que requieren un seguimiento de varios meses. La diferencia no está en la complejidad del expediente, sino en el grado de implicación que el cliente espera de nosotros.
En la práctica, distinguimos tres formatos de trabajo. El primero es la consulta informativa: una o dos sesiones para explicar el proceso, calcular de forma orientativa el impuesto de sucesiones y señalar los documentos que faltan. Es útil cuando la herencia es sencilla, hay un testamento reciente y los herederos están de acuerdo.
El segundo formato es el encargo completo: redacción de documentos, gestión del expediente de adjudicación de bienes, comunicación con notaría y registro, y seguimiento de los plazos administrativos. Aquí el cliente delega la gestión y nosotros respondemos de cada fase. Es el más habitual cuando hay inmuebles, cuentas bancarias o vehículos que inscribir a nombre de los herederos.
El tercero es la mediación. No siempre aparece en la primera conversación, pero cuando hay desacuerdo entre hermanos o entre generaciones, el trabajo cambia por completo. En lugar de tramitar, dedicamos el tiempo a escuchar, proponer salidas y redactar acuerdos que eviten un juicio. Es un formato más lento, pero evita costes mayores y relaciones rotas.
La decisión sobre el formato no es definitiva. Hay clientes que empiezan con una consulta y, al ver el alcance del expediente, amplían el encargo. Otros prefieren hacer ellos mismos la gestión y contar con nosotros solo para revisar los documentos antes de firmar. Lo importante es que el formato elegido responda a una necesidad real, no a un paquete cerrado.
Por eso, en la primera consulta dedicamos tiempo a explicar qué incluye cada opción y qué no. Si el caso es sencillo, lo decimos. Si necesita un seguimiento más largo, también. Así evitamos sorpresas en la factura y en los plazos, y el cliente sabe desde el principio con qué va a contar.
Si tienes dudas sobre qué formato se ajusta a tu situación, puedes plantearlas en una primera consulta informativa. También puedes leer cómo preparamos las reuniones iniciales en este artículo o revisar las preguntas más frecuentes antes de empezar en esta otra entrada.